Giorno: 21 Mag 2015

Nuova poesia latinoamericana. #9: Álvaro Solís

NUOVA POESIA LATINOAMERICANA

Álvaro Solís

Álvaro Solís

 

Traduzione di Gianni Darconza
Selezione di Mario Meléndez

 

Álvaro Solís (Messico, 1974). È stato assegnista della prima generazione della Fondazione per le lettere messicane e del Fondo Nazionale per la Cultura e le Arti. È autore delle raccolte: Cantalao (Premio Clemencia Isaura per la poesia), Los días y sus designios (Premio nazionale di poesia giovane Gutiérre de Cetina), Ríos de la noche oscura (Premio Nazionale di poesia Amado Nervo). È professore titolare di Poesia Iberoamericana presso la Università Iberoamericana, campus Puebla, città dove attualmente risiede. Nel 2013 ottiene in Spagna il Premio Alhambra di Poesia Americana. Fa parte del consiglio editoriale di http://www.circulodepoesia.com.

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EL AGUA Y LOS SUEÑOS

“… Luego todas esas aguas calmas son de leche
y todo lo que se derrama en las blandas soledades de la mañana.”
-Saint-John Perse-

Siempre quiso ser un pez.
Caían rayos y nadaba sin parar, se negaba al cansancio,
buscaba el rostro de mi abuela en las aguas del río que le vio nacer,
nadaba por horas y extrañas aletas se le emparejaban,
lo miraban como si fuera un pez
y mi padre dormía bajo el río, pero despertaba antes de ahogarse,
soñaba que un inmenso cuerpo de agua lo tomaba por el cuello,
lo sacudía una y otra vez,
entonces despertaba y seguía nadando contra la corriente,
siempre contra el río a quien nunca pudo vencer.

Mi padre, solo por el mundo de las idolatrías,
esperaba la vuelta de mi abuelo que se embarcaba en el Carmen
y se dormía al esperar,
soñaba que un inmenso cuerpo de agua,
que lo sacudía por el cuello,
lo injuriaba.
Y mi padre se despertaba entonces,
subía al mástil de los barcos,
se lanzaba al río
queriendo ser un pez que sabía volar,
nadaba por horas contra la corriente
hasta el cansancio, hasta el sueño
donde un inmenso cuerpo de agua lo sacudía por el cuello
y le cantaba las canciones que mi abuela no pudo.

Mi padre pasaba horas enteras sentado en las bancas del parque
creyendo que Dios era una mierda,
se quedaba dormido y sudaba las aguas del aire,
soñaba que un inmenso cuerpo de agua lo abrazaba de pronto
con cariño maternal,
y se reconocía en el sueño, sin querer despertarse
recordaba los bailes alrededor de mi abuela
y nadando de frío por las calles silenciosas de la ciudad,
se emparejaba a furibundas aletas describiendo diminutas eses en el agua.

Mi padre encontró la felicidad en el nado,
en la imagen femenina del agua, diría por esos mismos años Gaston Bachelard,
quien trabajaba en lo mismo,
quien soñaba con inmensos cuerpos de agua que lo tomaban
por el cuello queriéndolo injuriar,
y muy temprano con el canto de las aves, mi padre y Gaston
salían a las rutas que el servicio postal les asignaba,
repartían las cartas mientras ambos pensaban en el agua,
en los sueños femeninos, en la imagen ausente de la madre
y nadaban,
uno por el agua de los sueños,
mi padre contra el agua lunar.

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L’ACQUA E I SOGNI

“… Dunque tutte quelle acque calme sono di latte
e tutto ciò che sfocia nelle blande solitudini del mattino.”
-Saint-John Perse-

Volle sempre essere un pesce.
Cadevano raggi e nuotava senza sosta, si negava alla stanchezza,
cercava il volto di mia nonna nelle acque del fiume che lo vide nascere,
nuotava per ore e strane pinne lo raggiungevano,
lo guardavano come se fosse un pesce
e mio padre dormiva sotto il fiume, però si svegliava prima di affogare,
sognava che un immenso corpo d’acqua lo afferrava per il collo,
lo scuoteva ripetutamente,
allora si svegliava e continuava a nuotare contro corrente,
sempre contro il fiume che non poté mai vincere.

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Federica Arnoldi: Roberto Bolaño

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Federica Arnoldi, Roberto Bolaño, Saggistica, Starter, Doppiozero, 2015; ebook €3,00

Eccomi qua, di nuovo Bolaño. Di nuovo un viaggio, di nuovo il tentativo di capire perché io non riesca a smettere di leggerlo. Di nuovo io, io lettore, che rimango incantato perché in un frase (o paragrafo, o pagina), già letta più volte, io, io lettore, riesco a trovare qualcosa di nuovo. Qualche spiegazione in più, o se preferiamo conforto, o se vogliamo, se va bene, emozione nuova, mi arrivano da questo saggio di Federica Arnoldi, da poco uscito in ebook, per Doppiozero. Per provare a parlarne, parto da una frase di Alberto Manguel, che trovo in un libro che amo molto: Al tavolo del cappellaio matto (Archinto, 2008). Lo scrittore argentino inserisce una mappatura del lettore ideale, interessante e divertente, fa un gioco dal quale si impara e col quale ci si può riconoscere. Tra le definizioni che Manguel usa, ne scelgo una: Il lettore ideale non esaurisce mai la geografia di un libro. E qui mi fermo un attimo.

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